¿Me das una entrada para Puto? | Club Lado b
Posted on 10.16.10 to Teatro, a-Crítica by IrinaAlejandro Mateo, director de la Trilogía Puto, sabe que es fuerte decirlo. Por algo las otras dos obras que completan el concepto se llaman: Judío y Negro.
El sábado me tocó pedir la entrada para Puto. Una obra que sospechaba trataría la estigmatización del homosexual pero que va más allá, mucho. Porque se aleja del estereotipo y retoma la figura del “invertido”: léase travesti en la actualidad. Mateo basa su obra en lo que el llama Movimientos. El primero, una obra de 1912 que hablaba de las “Evas Hombrunas”, el segundo, dos expedientes policiales de la penitenciaría de los años 40 donde la condena era ser “Puto”. El tercero, textos contemporáneos, de ciencia y libros recomendados. Por todo esto, “Puto” es rica en su estructura, contenido y puesta en escena.
A veces musical, a veces cercana al teatro clásico, encontramos cinco personajes en escena ubicados en un galpón grande que no sabemos realmente qué es, ni quienes son. El léxico es actual, están todos vestidos de mujer y quizás depilados. Sus torsos y hombros se confunden de figuras femeninas vistos de atrás. A veces hablan en lunfardo y bailan tango. Y cantan, una muy linda selección de boleros y tangos. No son cantantes ni hacen exactamente un musical pero completan la obra de arte. La historia va y viene en el tiempo.
Es la historia de cinco travestis rechazados por sus familias y perseguidos por la sociedad. Cada uno irá desentrañando su historia de vida y sus deseos. Atravesados por la trama principal del personaje de Nicolás Mateo, quien en algún momento enfrenta a su humilde madre y a una dupla de policías que lo condenan por “descarriado” o “puto”, como el mismo pide que lo llamen. Preso de sus deseos de amor y París (adonde quiere que su amado lo lleve a triunfar como una reina), pero preso en Ushuaia también. Mientras tanto, sus compañeros, viven historias de humor y tragedia: un amigo que se muere por una enfermedad de la que aún no se conoce su nombre (Sida), el deseo de tener tetas, el de depilarse definitivamente y el de salir de shoping como reinas.
Quizás el momento bisagra en el que la obra apuntala lo que quiere decir, es en el que todos, visten sus calzones de hombres y hablan con su voz no disimulada. Nombre, apellido, situación en la que le dijeron a su familia que eran gays. Es como un baldazo de agua fría en el que pasan de su papel de féminas divertidas a rostros vívidos por el dolor de su rechazo.
Las actuaciones están muy bien. Mariano Caligaris es el transformer más notorio pues pasa de policía macho y retrógrado a una tía coqueta. Rafael Lavin, fluye y le da esos toques de humor a la aturdida platea, que va y viene en el tiempo y encanta porque ella, es muy graciosa. Enzo Ordeig también ofrece un pulido personaje, que a veces es París, el príncipe Azul de Mateo hijo, y otras, una frustrada científica que intenta encontrar la fórmula para la depilación definitiva de sus compañeras de claustro. Pero siempre le sale mal. Nicolás Mateo, delicado y más sensible que afeminado, transmite con su suavidad la fuerza de lo que los textos quieren decir. Walter Rosenzwit también, que pasa del femenino al masculino y al invertido en cuestión de cambios de luces. Pero son en un todo que cada uno puede desplegar sus encantos.
Es una obra actual que recoge una vieja problemática y la sitúa en los años 40 de una Buenos Aires anticuada. Casi como la de hoy pero con algunos grandes avances. Es una mirada lejos del clishé, pensada y contextualizada. Tiene historia, tiene historias de vida y por sobre todo, un trabajo detrás que hace que permanezca en las tablas por sobre el promedio del under porteño. Ninguno de los actores es gay ni travesti. Pero ni importa, porque son los personajes los que toman la esencia de una historia muchas veces contada pero pocas veces analizada. La de la persecución.
“No queremos que nos persigan ni que nos discriminen, ni que nos maten ni que nos curen, ni que nos analicen ni que nos expliquen, ni que nos toleren ni que nos comprendan… Lo que queremos es que nos deseen”.
Cuándo y dónde: Los sábados a las 23 horas en el Teatro Payró, San Martín 766. Entradas, 30 pesos.
Club Lado b: Sorteamos dos pares de entradas para el sábado 23 de octubre. Escribir especificando datos personales a club@buenosairesladob.com.ar
