Según una estadística demográfica del doctor Francisco Latzina, publicada en 1905, á raíz del censo de la capital, había en esa fecha, y en Buenos Aires solamente, “diez mil invertidos”, de todas las condiciones sociales.
Como se comprenderá, esa cifra entraña una amenaza gravísima y un peligro constante para la salud moral y física de nuestra sociedad.
Evitar ese peligro, combatiendo el nefasto y repugnante vicio por todos los medios posibles es hacer obra buena y moralizadora, y ninguno mejor que aquel que sea capaz de inspirar asco y odio por una aberración, que hasta ahora, solo nos inspiraba desprecio o lástima.
Eso es lo que se ha pretendido hacer, modestamente, en los limites reducidos de la obra que acaba de representarse.
Palabras al público de J. González Castillo la noche del estreno de su obra “Los Invertidos” por la Compañía de Teatro Libre Podestá / Ballerini el 12 de septiembre de 1914.